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martes, 12 de junio de 2012

Estirpe venezolana: los apodos (I)


          
En Venezuela hay apodos que se usan en todos los escenarios, 
todas las circunstancias y en todo momento. 
Comenzaremos por los apodos del país político


         En América Latina es costumbre muy desarrollada llamar a alguien por un nombre distinto al suyo. Esta costumbre también está muy arraigada en Venezuela, donde en muchos hogares se llama a los niños por diminutivos, como Pedrito, Carlitos, Juancito o Ivancito.
         A la par de los diminutivos están los apodos. Estos comienzan entre los amigos y compañeros de estudios desde la primaria; y es muy frecuente que ese apodo dure para toda la vida.  En el ambiente artístico venezolano, la política y, en general en todos los sectores, abundan los apodos. Estos alias, sobrenombres, motes, remoquetes o seudónimos, como también se les conoce, provienen del reino animal en un altísimo porcentaje.
         De esta forma, es frecuente en Venezuela oír llamar a la gente por los remoquetes de Chigüire, El Loro, Conejo, Cara e´burro, copete e´paují, pico e´loro, cotorro poncho, pata e´plancha, etc.
-Eeepa, Cabeza e’ martillo, pa´nde vas por ahí.
-Voy a una reunión con El Mono, El Pescao, El Tigre, El Cunaguaro, el perro renco y El Tordito. Creo que también irá El Bachaco, responde el aludido. Sabe que es con él.  Así le dicen hace años.
Un formal círculo animal, un club; machista además, con una cuasi definitiva sentencia: aquí no ´dentran´ animales hembras. ¿O se podrá decir animalas?

El Cabito, Mocho Hernández, El Taita y otros más

         Hay muchos sobrenombres o alias en lo que llaman “país político”, donde figuras relevantes de la política atendían a los motes de El Gocho (Carlos Andrés Pérez), el mismo Locoven; Jaime Bochinche, el ex presidente del caso de la fragata Caldas colombiana; El Tigre Eduardo Fernández, Pepi Montes de Oca y una lista larga de políticos con remoquetes de animales, cosas, casos y de otros tipos.
         De los tiempos de la guerra de Independencia llegó hasta nuestros días el sobrenombre de El Taita, como llamaban los lanceros del Apure al Libertador de los Llanos, José Antonio Páez, conocido también como la mejor lanza del mundo, título que le dio Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, El Libertador, quien también tuvo sus apodos.  
         De siglos pasados se conocen El Cabito, mote que le endilgaron sus adversarios políticos a Cipriano Castro, alias El Restaurador, nativo de Capacho Viejo, testigo presencial de la etapa de los andinos en la capital, inquilino de la casa de Misia Jacinta desde mediados de octubre de 1899 hasta diciembre de 1908". (Diccionario de Historia de Venezuela, 1997, 741). A título informativo vale decir que la primera dueña de esta mansión que hoy conocemos como Palacio de Miraflores fue Jacinta Parejo de Crespo (guariqueña de Parapara), esposa de Joaquín Crespo, aunque ella nunca la ocupó como residencia.
A El Cabito Cipriano Castro también se le apodó El Mono Trágico, El Capitán Tricófero, etc.
         Al célebre caudillo militar y político venezolano de fines del siglo XIX y comienzos del XX, José Manuel Hernández (Caracas 1853-Nueva York 25.08.1921), se le conoció como el Mocho Hernández, apodo que se originó por la falta de 2 dedos de la mano derecha, perdidos a los 17 años de edad, en el combate de Los Lirios (11.8.1870), donde fue herido de un balazo y, en el suelo, fue macheteado en el cuello y en un brazo, perdiendo los citados 2 dedos de la mano derecha.
         A Juan Vicente Gómez de cuyo nombre no quieren ni acordarse, le decían El Cachorro y El Bagre (su rostro se parecía mucho a este pez).  También le apodaban El Hombre de La Mulera. A Eloy Tarazona, su hombre de confianza, temido y odiado, lo llamaban El Indio Tarazona.
El sucesor de El Cabito en la Presidencia de la República, general Eleazar López Contreras, fue El Ronquito, por su forma de hablar.
         A Rómulo Betancourt, llamado el padre de la democracia moderna venezolana lo llamaban Romulón y El Cacique de Guatire o Don Rómulo. Al ex mandatario Luis Herrera Campins un gracioso comenzó a llamarlo Toronto y ese apodo trascendió y se hizo vox populi. Era mentira que al periodista ex presidente le gustaran tales torontos.
         El teniente coronel ® Hugo Chávez es el que más apodos tiene entre todos los que han pasado por la casa de Misia Jacinta. Es tan larga la lista que mejor no mencionamos ni uno solo de esos seudónimos. 




Investigación y texto
Elba Romero López

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