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domingo, 16 de octubre de 2011

Estirpe venezolana: Mitos y Leyendas (I)




            Venezuela tiene un amplio acervo cultural en materia de mitos y leyendas, las cuales hablan de encuentros con el diablo, ánimas benditas, aparecidos, santos milagrosos y protectores misteriosos, entre otros. Las muchas leyendas que abundan en Venezuela, especialmente en el llano han sido motivo de muchos libros dedicados a este tema.
            En Pampatar, isla de Margarita, por ejemplo, dicen que el Santo Cristo del Buen Viaje, patrono de este lugar, es ese misterioso ayudante de los pescadores, a quienes guía hasta los mejores bancos de peces y los protege de cualquier adversidad que enfrenten. También se le conoce como el Cristo de Pampatar o Cristo del Pescador.
         La imagen del Santo Cristo escogió a Pampatar para quedarse. Esta talla salió de España en el siglo XVI con destino a Santo Domingo, pero cuando el barco entró en aguas del mar Caribe, el viaje plácido que traía se volvió pesadilla. El mar rugía embravecido con fuertes vientos de lluvia y anuncios de tempestad.
         Frente a Pampatar el capitán decidió echar anclas y esperar a que pasara la tormenta; y de manera prodigiosa cesaron los vientos huracanados y el fuerte oleaje. Cuando intentaron reanudar viaje volvió el mal tiempo, con rayos, truenos y centellas, razón por la cual el capitán decidió desembarcar y donar la imagen del Santo Cristo a la iglesia del lugar
         Sólo de esta manera la nave pudo seguir el viaje sin que presentara nuevamente ningún tipo de problemas.  Allí comenzó la devoción al Santo Cristo, o El Viejo, como también se le dice en la isla de Margarita a esta imagen santa.
Leyendas del llano adentro

         En todo el llano venezolano se cuentan leyendas de muertos y aparecidos, las cuales vienen desde hace siglos, transmitiéndose de generación en generación.  Entre ellas, una leyenda muy conocida es la del Silbón, espanto que todavía sigue asustando en los llanos de Portuguesa a los hombres parranderos, acostumbrados a trasnochar y son capaces de andar grandes distancias para ir a un parrando.
         Quienes dicen haberlo visto aseguran que el Silbón – el Sinfín o el Canillú, como también se le dice- es un hombre extraordinariamente alto y flaco que deja casi muertos y con una gran fiebre a quienes se topan con él en las madrugadas. Cuenta la leyenda que es el Silbón es el ánima en pena de un hijo malcriado, consentido y caprichoso, que mató a su abuelo para comerle la asadura, por lo cual su madre y su abuelo lo maldijeron “pa´toa la vida”.
         El mal hijo fue castigado colocándole un mandador de pescuezo (típico del llano). Al tratar de huir lo mordió un perro tureko, y para terminar el castigo su abuelo regó sobre sus heridas gran cantidad de ají picante.  El recuerdo y mención de lo sucedido libra a las personas de ser atacadas por el espíritu errante de El Silbón.
La leyenda de este espanto ha inspirado muchas canciones llaneras, especialmente corríos.  El compositor portugueseño Dámaso Delgado escribió en el siglo pasado La Leyenda de El Silbón, aporte que nutre nuestro acervo cultural.
En mayo llega el invierno… y salen los fantasmas
         Mayo es el mes de los fantasmas, principalmente en el llano.  Junto con las lluvias, dicen los llaneros, empiezan a oirse gritos espeluznantes y, aunque la cruz de mayo relumbra en el cielo; por las noches se ven sombras espectrales que asustan al más guapo.
            Y comienzan los cuentos sobre apariciones, espectros, duendes y un sin fin de hechos sobrenaturales. La Sayona, La Llorona, la Chinigua, El Carretón de la Trinidad, la Bola de Fuego y las ánimas son algunas de estas leyendas que se recuerdan y de las cuales se habla mucho en mayo. 

Y ocurre que en Venezuela siempre se habla de estas leyendas en la noche; si la noche está más oscura que de costrumbre, mejor. Como para que sea más espeluznante el relato y muchos no puedan conciliar el sueño y tengan que arroparse hasta la cabeza.

En Cojedes, el jinete sin cabeza galopa en las noches de mayo, al mismo tiempo que en Guárico un becerro espectral persigue a los trasnochadores con un bramido demoníaco; y en los llanos orientales dicen que el oscuro caballo del patriota Manuel Piar galopa por los caminos sabaneros.

El Silbón deja oír en Portuguesa su grito terrorifíco, confundido con el canto de la pavita, mientras que cerca del Arauca, el Fin Fin lanza en el aire, a diestra y siniestra, sus certeros golpes invisibles. Cuentan los llaneros que en Barinas la luna de mayo alborota a la gente, los animales y a los fantasmas y por eso salen en este mes.

Otro de estos fantasmas es la mula maneá –o maneada-, conocida en Venezuela desde el año 1800 (siglo XIX). Cuenta la leyenda que doña Ramona Esqueda, una mujer muy perversa, tenía una mula entrenada para dar patadas mortales a sus esclavos.

Esta era la forma como aquella mujer los castigaba cuando no hacían las cosas como ella quería. Con el tiempo la mula se volvió cada vez más violenta y fue necesario manearla para evitar  sus terribles coces. Durante la guerra de Independencia la hacienda de Ramona Esqueda fue quemada y todos los animales huyeron asustados, menos la mula, porque estaba maniada.

Cuentan en Barinas que terminada la guerra la mula maneá comenzó a aparecer en los llanos y bosques. Su aparición causaba terror entre los campesinos que intentaban reiniciar sus siembras devastadas por la larga guerra de emancipación.
           
           


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