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martes, 18 de junio de 2013

Patrimonios: La ceiba de San Francisco



¡Milagro! la ceiba ha sobrevivido a la destrucción

La ceiba de San Francisco es el árbol emblemático de Caracas, que se encuentra al frente de la Iglesia de San Francisco en la capital de la República. Es uno de los hitos más llamativos de la ciudad, de profundo arraigo popular y ligado a la historia de la misma, con un tiempo de vida originado a mediados del siglo XIX.
Es patrimonio nacional desde el año 2001. El árbol está ubicado a cien metros de la Plaza Bolívar, el lugar de fundación de la ciudad. Hoy tiene 36 metros de altura, ha sido podada muchas veces; y  ha soportado por centurias la inclemencia del tiempo y sobrevivido a la destrucción de la ciudad en aras de lo que llaman progreso. Hoy está dentro de un separador vial construido en la Avenida Universidad.
Acerca del origen de la ceiba de San Francisco hay varias hipótesis, considerándose la de mayor sustento en la creencia popular la que cuenta que la ceiba la sembró en 1866 la  hija de Vicente Manzo, funcionario de la Policía de Caracas para ese entonces (otros dicen que era prefecto de Caracas). La niña regaba la semilla con especial dedicación hasta que cobró cuerpo. En el año 1870, según una fotografía tomada en ese año, el árbol ya mostraba tres metros de altura, teniendo a la iglesia como fondo.
La ceiba había sido plantada en el contexto de un paseo entre el antiguo Convento de las Carmelitas —luego derribado para dar paso al Palacio Federal Legislativo— y el Palacio de las Academias y la iglesia. En 1873 erigieron a su lado una estatua del entonces presidente Antonio Guzmán Blanco, apodada El Saludante, que cinco año más tarde fue derribada. Enseguida el paseo y la estatua se volvieron pasado. Porque aquí, en Venezuela se rompe con el pasado enseguida. “Si te he visto, no me acuerdo”.

“Si te he visto, no me acuerdo”

La fisonomía de Caracas y, en general, de todas las ciudades de Venezuela, es una colcha de retazos. Remiendos tras remiendos se ha venido rompiendo con lo antiguo; eso huele a viejo. De tiempo en tiempo, por los siglos de los siglos ha ocurrido así, a riesgo de convertirnos en un país sin memoria. Aunque, como se ha señalado en diversos períodos y etapas de la historia del país, “un pueblo sin memoria no existe como tal”.
  
Otra versión acerca del origen de la ceiba de San Francisco relata que al término de la Campaña Admirable en 1813, Simón Bolívar, recibió el título de Libertador bajo la sombra del árbol.  Ganas de hablar de la gente, porque esta anécdota es improbable, ya que la ceiba no existía en aquella fecha.
Durante el gobierno de Guzmán Blanco se rodeó el tronco del árbol con una defensa de cal y canto con instalaciones de madera para servir de escritorio y recadero para los comerciantes y corredores que laboraban originariamente en la Esquina La Bolsa, al momento de registrar sus transacciones.
Este hecho sirvió de inspiración para el actual logotipo de la Bolsa de Valores de Caracas, el cual presenta un dibujo del árbol en primer plano, con la iglesia de San Francisco y el Palacio de las Academias al fondo.

Tarjeta de presentación de Caracas


La Ceiba de San Francisco es el más popular de los árboles caraqueños; que tiene su historia y llama la atención, además de su antigüedad, por la capacidad que posee para resistir las inclemencias del verano. Los parroquianos de aquellos años tan lejanos solían cobijarse en los días calurosos bajo la frondosidad de la Ceiba que extendía su sombra varios y largos metros alrededor de su tronco.
         “A una cuadra, en la esquina de La Bolsa, hay otra Ceiba, pero la que goza de la imponencia vegetal y de la rica tradición es la que está en San Francisco, hoy por cierto con sus brazos tristes. Ha sido podada, me dicen los que conocen de esas cosas, para que sus ramas crezcan de nuevo; pero no puedo sacarme de la cabeza ese aspecto de árbol mútilo, crucificado, cruzado de inolvidable recuerdos.
A escasos metros de la Ceiba está el hermoso edificio de la vieja Universidad Central, el cual fue antes la sede de un convento, hoy convertido en el Palacio de las Academias, lleno de silencio y paz”, relató un día Juan J Verde en Caracas del recuerdo a la Nostalgia.
         A diferencia del limonero del señor de la esquina de Miracielos, la ceiba de San Francisco sigue luchando y se niega a sucumbir frente a la piqueta del urbanismo de los nuevos tiempos.
      “Por su valor histórico y ecológico, constituyendo uno de los haberes propios de la ciudad de Caracas, fue declarada patrimonio  natural en el año 2001, valores de cuya data da fe su incierta partida de nacimiento, siendo testigo de tan dilatada existencia, la que ha visto en silencio pasar durante mucho tiempo y observando desde su altura, estoicamente, durante tantos años luchando, exprimiendo sus postreras savias, para no desaparecer ante la arremetida del urbanismo que la fue atrapando en el marco de sus edificaciones; el crepitar de las armas policiales, los humos de las bombas, presión de las aguas de ?ballenas y rinocerontes?; las ilimitadas marchas de un pueblo como pretendido recurso para el logro de sus intereses, de cualquier naturaleza; el bramar de las sirenas de patrullas, bomberos y ambulancias; un semáforo, fiel compañero de infortunio;  el andar y desandar de tanta genta en busca de algo, que muchas veces desconoce qué y la creciente contaminación ambiental; han hecho perceptible mella en la estructura y sensibilidad de ese emblemático exponente de nuestra ciudad. Esa Ceiba, está, algo así ,como exigiendo ¡Piedad!
  
Americana su estirpe
 

     La ceiba de San Francisco es americana. Sureña, diríamos mejor. (“Pentandra Gaerth”, familia ésta de las “Bombacaceae”).  Sus orígenes están en América del Sur, “trasladada a otras latitudes por bondad de la polinización, transferencia del polen desde los estambres hasta el estigma, donde germinan y fecundan los óvulos de la flor haciendo posible la presencia de semillas y frutos; de la que se encargarían los vientos, los pájaros y el hombre mismo que apañó en sus alforjas las semillas que plantaría su impronta peregrina por otros confines, sirviéndole de cauce los atajos tomados para llegar al norte, cruzando la América Central, y alcanzar los de ayer, más inaccesibles confines del África y del Asia occidental”.



A la Ceiba de San Francisco es un poema que compuso Julio Garmendia y que Leoncio Martínez, Leo, publicó en Fantoches, pero no encuentro su huella. Voy a seguir buscando.

Investigación y texto:

Elba Romero López

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