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miércoles, 29 de octubre de 2014

El dolor que más duele



EL DOLOR QUE MÁS DUELE...

Apretarse el dedo con una puerta duele.  Golpearse la cara contra el piso duele.  Doblarse el tobillo duele.  Una paliza, una bofetada, un puntapié, duelen.
Duele golpearse la cabeza con la punta de la mesa.  Duele morderse la lengua, duelen los cólicos, las caries y las piedras en los riñones.
Pero lo que más duele es extrañar...
Extrañar a un hermano que vive lejos.  Extrañar una cascada de la infancia.   El gusto de una fruta que no se encuentra más.  Al padre que ya murió.
Extrañar a un amigo imaginario que nunca existió.  Extrañar una ciudad.  Extrañarse a uno mismo, que el tiempo no perdona.  Duelen todas esas melancolías.
Pero la melancolía más dolorosa es la de quien se ama...  Extrañar la piel, el olor, los besos.  Extrañar la presencia y hasta la ausencia consentida.
Podías estar en el comedor, y él en el dormitorio, sin verse.  Pero se sabían allí.  Podías ir para la oficina, y él para el dentista.  Pero sabían dónde...  Podías estar el día sin verlo; y él, el día sin verte.  Mas sabían que había mañana.
Pero cuando el amor de uno acaba, al otro le sobra la melancolía que nadie sabe cómo detener.
Extrañar es no saber...
No saber más si él continúa engripándose en invierno.  No saber más si ella continúa con los dolores de estómago.  No saber si él todavía usa la chaqueta que le regalaste.
Si ella continúa haciendo objetos en papel maché, si él continúa sonriendo, si ella continúa bailando, si él continúa surfeando, si ella continúa amándolo.
Extrañar es no saber...
No saber qué hacer con los días que son más largos, no saber cómo encontrar tareas que paren los pensamientos, no saber cómo frenar las lágrimas ante una canción, no saber cómo vencer el dolor de un silencio que nada satisface.
Extrañar es no querer saber si él está con otra, y al mismo tiempo querer.  Es no querer saber si ella está feliz, y al mismo tiempo querer.  Y no querer saber si él está más flaco, si ella está más linda.
Extrañar es nunca más saber de quien se ama...  Y que eso mismo duela...                  
Daiana Mazzaroni, argentina






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