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sábado, 11 de abril de 2015

Te quiero amar


Te quiero amar sin aferrarme, apreciarte sin juzgar, unirme a tí sin invadirte, invitarte sin exigir. Si puedo recibir lo mismo de ti, entonces podremos encontrarnos y enriquecernos de verdad.

Esta máxima con la que nos obsequia Virginia Satir no es otra cosa que una bella reflexión en el camino de la vida. Frases llenas de vida, de convicciones, de amor a fin de cuentas, que nos ennoblecen por completo.
Nos dice Virginia: Te quiero amar sin aferrarme. Nada es más cierto. ¿Existe otra forma de amar que no sea ésta? Sin duda que no. El amor si está aferrado está encadenado, por tanto, ya no es amor, es una cárcel de la que, al final, quieres escapar.
Te aprecio sin juzgar. Quien juzga no aprecia, por tanto, huyamos despavoridamente de todos aquellos que dicen apreciarnos para más tarde juzgarnos.
Me uno a ti sin invadirte. Bella la expresión puesto que todo aquel que ama es capaz de respetar los espacios del otro; es decir, amar sin invadir puesto que todos los seres de este mundo necesitamos del espacio en soledad para encontrarnos con la reflexión.
Invitarte sin exigir. Esta es la fórmula perfecta que habla sin mediar palabra. Yo te invito a cambio de nada; y lo hago porque así me lo dicta el corazón. Una invitación exigiendo un premio no deja de ser un castigo.
Si de ti recibo lo mismo que te entrego, la felicidad la tenemos servida. Unamos nuestros corazones al unísono de nuestras ilusiones, siempre, aferrados al más grande respeto.
Te amo sin aferrarme, justamente la lección que tú me enseñaste; vivo a tu lado sin invadirte; como quiera que te amo, jamás te juzgaré; por estas maravillosas razones, a tu lado sigo tomando las más bellas lecciones.
La señora Virginia Satir nos recuerda los valores más bellos del ser humano; es más, nos enseña el camino para enaltecerlos puesto que, como sabemos, el amor no puede ser prisionero de nada ni de nadie; el respeto es de todos e invadir la privacidad del ser amado no es otra cosa que una falta de respeto.
Si aplicáramos estos razonamientos en nuestra vida cotidiana todos seríamos felices. El problema viene dado por la falta de comprensión ante valores tan bellos como válidos para la convivencia entre un hombre y una mujer.
Pla Ventura

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