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sábado, 3 de agosto de 2013

El Cojo Ilustrado


El Cojo Ilustrado se publicó desde 1892 a 1913
Aún no ha sido superada como revista.


El llanero domador”. Dibujo de Celestino Martínez, litografiado por Celestino y Jerónimo Martínez aparecido en la portada del primer número de El Cojo Ilustrado.
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La Merienda, foto Henrique Avril, primer fotográfo de Venezuela

La música de entonces (1900)
(Vicente Flores *)
EL COLETON LORENZO HERRERA.mp3

ALMA VENEZOLANA LORENZO HERRERA.mp3ALMA VENEZOLANA LORENZO HERRERA.mp3
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EL COLETON LORENZO HERRERA.mp3
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CHUPA TU MAMEY LORENZO HERRERA.mp3CHUPA TU MAMEY LORENZO HERRERA.mp3
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VENEZUELA LORENZO HERRERA.mp3VENEZUELA LORENZO HERRERA.mp3
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07 Corrio de La Suegra.mp307 Corrio de La Suegra.mp3
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08 Compañero No Soy Guapo.mp308 Compañero No Soy Guapo.mp3
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09  La negrita Josefina.mp309 La negrita Josefina.mp3
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10 El Joropo.mp310 El Joropo.mp3
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(enviados por Jhonny Díaz A.)
“El Cojo Ilustrado” fue una revista literaria que se mantuvo en circulación durante 22 años y cinco meses. Fundada por Jesús María Herrera Irigoyen, comenzó a circular el 1º de enero de 1982 hasta  el 1º de abril de 1915, período durante el cual reflejó en sus páginas la realidad de Venezuela. Fue leída, incluso fuera de Venezuela, sirviendo de referencia en el continente americano.
El nombre de la revista literaria se lo puso uno de sus fundadores, MANUEL MARÍA ECHEZURÍA, quien era cojo y tomó su defecto físico para darle nombre a esta gran obra literaria. Algunos historiadores han dicho que la palabra “ilustrado” se debió a las magníficas y abundantes ilustraciones que adornaban las publicaciones.
El Cojo Ilustrado usó el costumbrismo y la sátira para la crítica a los gobiernos de turno, sin comprometerse ni exponerse a sanciones que impidieran la circulación de la revista. Este estilo le permitía ejercer también una función moralizadora y educativa.
         El primer número de esta revista se publicó el 1 de enero de 1892 y el último tiene fecha de 1 de abril de 1915. Desde su aparición en 1892 y durante veintidós años y cinco meses esta publicación reflejó en sus páginas la vida del país.
Cuentan los historiadores que en Venezuela el modernismo giró en torno a esta revista de gran importancia literaria, la cual, además,  según el escritor dominicano Max Henrique Ureña, fue “una de las mejores revistas de América”, destacada entre los intelectuales y sociedades en toda América.  
 A El Cojo Ilustrado se le consideró un órgano del modernismo pues en sus páginas y columnas no solo estaban los mejores poetas y escritores venezolanos sino que también tenían cabida artistas de todas partes del mundo. Fue uno de los primeros periódicos que en Venezuela tuvo un taller de fotograbado mecánico. Fue una publicación periódica moderna, ejemplo de crítica literaria.

Ilustrando al país y el mundo

El Cojo Ilustrado tenía más de 3.000 suscriptores a nivel nacional e internacional. El abono mensual por dos revistas era de 4 bolívares y el número suelto valía 2 bolívares. El formato de la revista media 32 por 23 centímetros, con 16 páginas a 3 columnas. Jamás fue contraria a los gobiernos, mantenía una línea fundamentalmente cultural.
Desde su aparición en 1892, el quincenario El Cojo Ilustrado fue un espacio abierto para la literatura, publicando las actividades  culturales que se desarrollaban a diario en aquella Caracas de antaño, poniendo énfasis muy especialmente, en el quehacer musical a través de reseñas, críticas o comentarios de conciertos, temporadas de ópera y zarzuela, semblanzas de compositores e intérpretes, ilustradas con sus litografías o dibujos.
Durante mucho tiempo El Cojo Ilustrado publicó un suplemento musical que contenía partituras con composiciones ‘de moda' de los autores venezolanos más importantes de la época. Obras para piano, para canto y piano y ‘melopeas' o recitaciones con acompañamiento musical estaban al alcance de los lectores-intérpretes.
En esta revista literaria se publicaron las distintas expresiones literarias venezolanas y extranjeras. El Cojo Ilustrado permitió el conocimiento de nuevas formas de expresión artística y dio a sus lectores el placer de enriquecerse a distintos niveles culturales.
En “El Cojo Ilustrado” se publicaron escritos sobre las ciencias, las artes, la historia, la industria, la vida intelectual y, en general, la actualidad en todos los ramos del saber. Tenía publicidad y avisos, a través de los cuales se puede tener información importante respecto  del entorno social de los lectores de esta revista.
        
Etapas de El Cojo Ilustrado

Esta revista literaria circuló en una primera etapa en el año 1881, como un pequeño boletín con características comerciales que se distribuía de manera gratuita (Alario, 1995, p. 94). En el año 1892 el proyecto de El Cojo Ilustrado resurgió, pero con un estilo y una presentación totalmente diferentes a su versión original.
En esta segunda fase El Cojo Ilustrado salió a la luz pública el 1 de enero 1892, bajo la dirección de Manuel Revenga, con el patrocinio económico de la empresa de cigarrillos “El Cojo”, fundada por Manuel María Echezuría. El socio de esta empresa, Jesús María Herrera Irigoyen, fue quien concibió la publicación y dirigió la revista a partir de su tercer año de circulación.
A esta publicación se le consideró una de las revistas culturales más importantes de Venezuela durante el período literario del siglo XIX y principios siglo XX, época en la cual tomaron auge las corrientes modernistas.
El nacimiento de El Cojo Ilustrado está íntimamente relacionado
con el proyecto modernizador del gobierno de Antonio Guzmán Blanco, el cual (debería ser “quien”) abogó de manera significativa en beneficio de la burguesía venezolana emergente. Los beneficios que recibió este sector económico y comercial, con el condicionamiento de la población a comprar las mercancías en el mercado local gracias a una política industrial nacionalista, llevaron a esta elite a apoyar decididamente la expansión de sus espacios operativos (Alcibíades, 1995, p. 41).

Costumbrismo y sátira en El Cojo Ilustrado

         En El Cojo Ilustrado dejaron sus crónicas escritores reconocidos de Venezuela, pertenecientes en su mayoría a la tercera etapa del costumbrismo, entre ellos NICANOR BOLET PERAZA, FRANCISCO DE SALES PÉREZ, EUGENIO MÉNDEZ MENDOZA, J.J. BRECA, al igual que otros que empleaban seudónimos o eran de menor renombre (Hércules, David, por ejemplo).
En esos años era muy frecuente el humor, a través de figuras retóricas como la sátira, la ironía y el vocabulario popular, en especial por la finalidad educativa, edificante y moralizante de El Cojo Ilustrado, que buscaba crear conciencia en la ciudadanía, instaurar los valores y orientar el comportamiento de acuerdo a las normas, a través de un lenguaje sencillo y entretenido que llegaba de forma amena al lector.
En esa tercera y última etapa del costumbrismo (1864-1885)  comenzó a aflorar la crítica social y a enaltecerse los principios de ciudadanía, moral y buenas costumbres. Estos escritos costumbristas se construyeron entre los límites del periodismo, pues narraban acontecimientos, anécdotas cotidianas y actuales, pero con un estilo literario particular, a través del empleo del humor, la hipérbole (exageración, rimbombancia, ponderación, exceso) y la sátira.
El lenguaje y el humor que empleaban los escritores costumbristas en El Cojo Ilustrado, les permitía dirigir sus críticas hacia la sociedad y el gobierno de turno intentando evadir las restricciones, incluso a pesar de que la revista, en sus primeros años mantenía una abierta postura a favor de los ideales de progreso y desarrollo del gobierno guzmancista.

A Dios rogando y con el mazo dando

Los escritores costumbristas se valieron de esa carga humorística
que imprimían a sus artículos para canalizar sus opiniones y maneras de pensar, a través de estrategias discursivas que les permitieran superar las barreras y temores hacia el régimen imperante y ejercer la crítica corrosiva, con fines correctivos, a los hábitos y comportamientos en todos los niveles de la sociedad. 
Durante el primer año de El Cojo Ilustrado destacaron los artículos de costumbre de FRANCISCO DE SALES PÉREZ, quien fue un asiduo escritor en los inicios de la publicación. En la gran mayoría de sus colaboraciones ejerció la crítica hacia el poder, a través de escritos que tenían un profundo sentido del humor y empleaban muy bien la alegoría para referirse indirectamente a situaciones de la vida cotidiana, como la lisonja, la adulación a los políticos de turno, el abuso de poder, el ataque hacia los leguleyos, la deshonestidad, la deslealtad, la búsqueda de la riqueza fácil, entre otros temas.
Sales Pérez publicó una buena cantidad de cuadros y artículos costumbristas que bien valen la pena analizar; a grandes rasgos ejerció un cuestionamiento en contra las desviaciones de la sociedad por la ambición en el terreno político. Empleó un manejo inteligente del lenguaje con una fuerte carga humorística y satírica, para intentar dirigir opiniones sin censura y matizar de manera prudente la relación de sus artículos con el contexto político de la época.

Comunicación, Cultura y Sociedad

El artículo “Las Reputaciones” ejemplifica bien la temática que empleaban los escritores costumbristas y sus estrategias discursivas. Este se refiere a personas que han ganado tributos y elogios, específicamente los gobernantes y militares, cuando realmente se oculta detrás de éstos una historia de deshonestidad y abusos. He aquí un fragmento del artículo:
La reputación no es otra cosa que el concepto que los demás forman de un hombre. Favorable ó adverso, falso ó verdadero, ese juicio público es un fallo inapelable. Pero como el error es el patrimonio del hombre, yo creo que la mayor parte de las veces se equivoca en sus juicios. De ahí vienen tantas reputaciones usurpadas, tanto pedazo de barril vil convertido en celebridad por los caprichos de la fortuna, por el interés de los unos, la debilidad de los otros y por la aceptación inconsciente de la gran mayoría. Voy á probar lo que digo con ejemplos vivos, pero como nadie querrá servirme de modelo, tengo que presentarme yo mismo (…) (Sales, 1982, p. 7).
         Picón Salas (1980) clasificó el costumbrismo a partir de tres grandes épocas. La primera se extiende entre los años 1830 a 1848, etapa durante la cual predominaron los artículos de JUAN MANUEL CAGIGAL, FERMÍN TORO, RAFAEL MARÍA BARALT Y LUIS D. CORREA.
En la segunda época (1848-1864) destacó DANIEL MENDOZA; y finalmente en la tercera y última época (1864-1885) estuvo representado por ANDRÉS LEVEL, NICANOR BOLET PERAZA, TOSTA GARCÍA, FRANCISCO DE SALES PÉREZ, FELIPE TEJERA, JOSÉ ANTONIO ESPINOZA, TULIO FEBRES CORDERO, GONZÁLO PICÓN FEBRES, PEDRO EMILIO COLL, entre otros.
         Otra crónica del mismo año (Breca, 1982) recrea a un hombre pobre que se traslada a Nueva York con la esperanza de mejorar su condición, pero durante su estadía él simula a sus amistades y conocidos que posee una posición económica elevada.
Esta actitud le lleva a pasar por fuertes tensiones y dificultades de las que al final resulta airoso y sin que nadie se percate de su verdadero
origen.  Las aventuras de este pordiosero llevan al autor costumbrista a exaltar la honradez, la verdad y a desplazar la vanidad y la mentira.
Sobresale en esta última crónica una importante carga humorística que viene dada por las preocupaciones del sujeto ante los aprietos en los que se ve envuelto, específicamente en el compromiso de pagar una onerosa cuenta en un restaurant. Finalmente un juego de pool lo saca de apuros mediante una apuesta que termina ganando.
El personaje de esta crónica de costumbres es un pícaro que logra salir airoso de los entramados que crea. Representa al típico latinoamericano aventurero que busca ascender socialmente mediante subterfugios retóricos y estrategias deshonestas. Esta crónica costumbrista ejerce una fuerte crítica a quienes pretenden erigirse y demostrar fortaleza económica y política, cuando en realidad esconden una profunda miseria moral y material.

Vocabulario Popular

En las ediciones quincenales de El Cojo Ilustrado era costumbre leer vocablos populares como “trancazo”, “buenote”, “tontina”, “patiquín”, entre otros tomados del pueblo. Abundaban los relatos costumbristas de la época, de costumbres que tienen que ver con el ámbito urbano, la ciudad, además de espacios de socialización como el bar o la cantina, que se prestan al tratamiento humorístico.
Otros lugares en los cuales se desarrollan los artículos son: el hospital, la casa de familia, el vecindario, el funeral, la plaza pública, entre otras esferas de la cotidianidad. 

* Música de Vicente Flores, aportada por Jhonny Díaz

Elba Romero López

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